Esta semana, M. Draghi, presidente del BCE, se mostraba más favorable a medidas excepcionales. Justificaba lo anterior en que la situación del mercado impide la transmisión de las señales de política monetaria de manera uniforme en todos los países de la zona euro. Esto se explica por las notables diferencias entre las rentabilidades de la deuda pública.

Así, mientras el coste de financiación de Alemania a 10 años se sitúa en el 1,337%, el coste de España asciende hasta el 6,88% y el de Italia hasta el 5,874%. 

Desde el lado corporativo, financiarse en los mercados supone una carga demasiado pesada para incrementar proyectos de inversión. Draghi se mostró a favor de solucionar estos bloqueos para garantizar una política monetaria única. Lo anterior puede ser leído como una disposición del BCE a la compra de deuda pública de países periféricos europeos. 

Frente a lo anterior, diferentes miembros del BCE se oponen a la ejecución de esta medida. Especialmente el presidente del Bundesbank,  J. Weidmann se ha mostrado muy crítico con la compra de deuda pública por parte del BCE, llegando a amenazar incluso con su dimisión. El posible anuncio de una reactivación del programa de compra de deuda pública estaría sujeto a una alta condicionalidad a los países beneficiados y enfocada en el corto plazo.

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